viernes, 13 de marzo de 2009

El Abogado del Diablo


Hace algunos años leí una novela llamada "El abogado del diablo”, de Taylor Cadwell ( por cierto que la recomiendo, porque es muy buena). Cuando la película empezó, me dije: “creo que me equivoqué, no es la misma”. Efectivamente no lo era .

Recordando la trama original, de mi novela hacía tanto leída, para compararlas por si acaso, sorpresa, sorpresa! En ambas, el cuento es muy parecido, se presenta el mal encubierto por el poder, la búsqueda del control a través de la avaricia y de la vanidad, y también un final algo rebuscado.

La incapacidad de los seres humanos para darnos cuenta hacia dónde vamos, y comprender qué nos está conduciendo por los caminos equivocados es la realidad y meoño de la trama. Para mi sorpresa el final de la película fue muy triunfalista, muy apegado a una realidad que día a día es más lejana en nuestras sociedades, donde priva la búsqueda enajenada del poder, el dinero, la lujuria, sin compasión de nadie , y menos aún si ser consecuentes con nuestra propia mortalidad, que pende de un hilo. ¿Quién triunfa al final? ¿De quién es la última victoria?

¿Cuánto podemos engañar a nuestra conciencia? Parece ser que más de lo que ciertamente pensamos, porque la maldad nos oculta nuestros propios errores. Es acaso , que ese momento del día, para algunos al levantarnos, para otros al acostarse, en el que nos podemos sambullir en la corriente de nuestros más intimos pensamientos y actos realizados antes ó después, ya tampoco está de moda... La maestra de catecismo, los sacerdotes , nuestros padres, siempre lo recordaban: "Haga un examen de conciencia, pregúntese: ¿qué hizo bien, qué hizo mal?, ¿a quién ayudó y a quién ignoró?”

Ciertamente, bueno sería que muchos de nosotros tomáramos con verdadera atención el mensaje. Qué fácil se nos pinta el triunfo, qué fácil parece ser llevar la vanidad bajo el brazo y no tener que dar explicaciones a nadie, qué fácil es ignorar lo malo y hacerlo parecer bueno. Es como un juego, yo escondo mis más tristes realidades y éstas dejan de ser fatales, me convierto en un ser inocuo, incapaz de dañar de herir a nadie, no tengo frenos, porque la única que podría exigirlos soy yo misma, pero hay de mi ...prefiero seguir como estoy, ¿no les parece?

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